Ya no es
más que humo de amor
este amor desecho en la tromba del olvido,
este que por parir una ilusión se abrió de entrañas y se arqueó
en un halarido sin destino.
Y aún la mente se dispara tu recuerdo de sonrisa inolvidable,
de perfume de mañana memorable,
de cometas incendiadas y suspiros ardientes que caminaban mi garganta.
Y la lengua quiere recorrer caminos que la lleven a tu ombligo...
Y los versos se deprimen en lagos como nunca cristalinos...
Y un “no se, no se porqué” me persigue insidioso por la calle...
Y muero un poco cada atardecer
sin que lo note nadie.
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