Recuerdo aquel día del final
triste y sin final
en que te fuiste,
el cielo se caía de a pedazos
parecidos al cristal
con filo amargo de puñal,
envenenado.
Cubriste tu inconsciencia de gabán,
tu piel de plata y celofán
que ya no habría de ser mía.
Dijiste sin siquiera pestañear:
- Hoy parto, pero voy a regresar,
la lluvia nuevamente me traerá
algún otro día…
Y sin siquiera darme un beso echaste a andar
dejando mudo nuestro hogar
con una eterna despedida.
Y busco eternamente sin hallar
en la distancia tu llegar
bajo esta lluvia desmedida.
|