Fue tu ejemplo mi ladero,
tu amor mi luz y morada;
tu hombro y tu abrazo tierno
nido oportuno a mis lágrimas.
Tu belleza distinguida,
diamantina resolana,
se desplazaba con gracia
en medio de pobres aulas.
Yo tenía siete años,
y entonces no sabía nada
de que la muerte rondaba
y a mi papá se llevaba...
En medio de aquel tormento
que me partió en dos el alma
me cubriste con tus besos,
tus abrazos, tus palabras.
Y como madre, primero
que ve a través de las almas
me arrebataste de aquello
que me robaba la infancia,
Me abriste tu corazón
y las puertas de tu casa,
en un tiempo tan oscuro
y nunca te di las gracias…
A María de Carini,
Mi homenaje hecho nostalgia
y eterno agradecimiento
de mi, tu alumna, Viviana.
* A quien supo educarme con y para el amor. |