Bendigo el cielo santo
que se posa en tus ojos buenos
porque hallo paz y consuelo,
cuando yo te miro,
y cada marca de tu piel y de tu alma
por que han hecho en cada trazo de golpes y esperanzas
la buena madera en que te has erguido.
Amo tus silencios y amo tus palabras,
como cada gesto que impregna mi estancia en tu cercanía
y aún más allá,
cuando todo pasa.
No temo al herrumbre ni a las estocadas del tiempo
porque al fin un día a todos nos alcanza,
le temo al destierro de tu compañía
y vivir un día... si es que no te tengo...
Por eso es que quiero que ardan los campos y eleven mi fuego hasta el firmamento!
Entonces ardamos! No perdamos tiempo!
Hasta que la muerte nos vuelva silencio!
|