Espero ansiosamente marzo…
Espero su sol afable,
sus destellos dorados.
La delicada música que te trae tras mis pasos
y la voz inconfundible
que abreviará cualquier espacio.
Espero la amenaza diligente de tus labios
y el calor, y la bondad,
que son los signos de tus manos,
y quizás,
un porvenir de arena por andar
y un mirarnos a los ojos muy callados.
El descubrimiento inevitable de la piel
y el paso de los años,
la sorpresa del vislumbre
al bebernos trago a trago...
Muy despacio.
Saboreando.
Detectando la experiencia del andar
para seguirla cultivando.
Sin tormenta de mareas de otra edad,
más bien
vivir la plenitud que hemos ganado.
Te espero… en marzo. |