Te elijo
sobre mis muslos sin paz, adolescentes,
con la piel incandescente, erizada de mar
y el estruendo de mi pecho de rompiente.
Yo busco
tu mano dulce en la ceguera de los días
para que sacies con amor mi corazón
sin vergüenzas de estación ni hipocresía..
Te siento
tan cercano y real, en esta vida,
dibujándome sonrisas de arrebol
haciendo agónica y fugaz toda apatía
Y soy
una vez más la nueva yo, que no medita,
la que acelera la emoción a toda prisa
la que revive junto a ti al caer el sol.
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