Un día en este país
de polvo, sequía y viento
llamado “NADA DE NADA”
algo pasó sin quererlo.
Sosegada de tormentas
y temblores pasajeros
disfrutaba de la siesta
interminable del tiempo.
Se dejó ver inquietante
haciendo su juego lento,
las horas que no pasaban
galopaban en mi pecho.
Tenía los ojos claros
y las manos delicadas,
un tono de voz muy suave
y una sonrisa soñada.
Predicaba susurrando,
y anunciaba sin pudor,
con mucho de don y gracia
sus productos de ocasión.
Y yo me quedé extasiada
en el despliegue de su arte
y en minutos ya era parte
de su mágico esplendor.
-“Yo soy mercader de besos
-pregonaba con dulzor-
encantadores y bellos,
de delicioso sabor”-
-“ Si quiero algunos de esos...
¿Cuánto me cuestan, señor?-
-Yo nunca acepto dinero,
pero baratos… no son!-
Me cupieron en la boca,
y algunos se me cayeron;
otros dormían conmigo
o me quitaban el sueño…
Y después de haber probado
la delicia de sus besos
le pregunté: -¿Con qué pago
para adueñarme de ellos?-
Y repitió: -“No es barato…
eso váyalo sabiendo…”
Pero yo no le hice caso
los seguía consumiendo…
Los días fueron pasando,
más besos iban ardiendo,
el miedo se hacía angustia
de sólo pensar perderlos!
-Recuerde: No son baratos!-
me continuaba advirtiendo
y yo no quise escucharlo,
sólo oía mi deseo...
El tiempo me fue tirano
y se acabaron los besos
lo dulce se volvió amargo
y la alegría, silencio.
Y como daga brutal
que a una le abriera el pecho,
esas manos delicadas
me lo arrancaron de adentro!
Y así lo llevó sin más
a cambio de aquellos besos,
pobrecito corazón!,
yo no supe defenderlo!
Marcharon juntos los dos
por un senderito incierto
un herido corazón,
y aquel Mercader de Besos.
|