Me queda aquí el apretado
sabor de tus dulces besos
la textura suave y blanda
de tu lengua en el acecho.
Me queda también ternura
de tus dedos en mi pelo
y el ardor de la mañana
más fría que dio el invierno.
Me queda algún hasta siempre
que es un adiós encubierto
tras el nudo en mi garganta
y este estertor en mi pecho.
Me quedan los incontables
"mi amor... mi vida... te quiero..."
y un hueco frío en mi alma
que se llena de recuerdos.
Me quedan mis ilusiones
diluyéndose en silencios,
en horas que nunca pasan,
en tiempo que no te tengo.
Me queda de tu mirada
algo que tiembla en mi cuerpo...
y el poema que no debí,
pero te estoy escribiendo. |