Una mujer, otra mujer, nuevamente aquella historia. Esa que pesa, gravita y se hunde como un puñal en nuestra anestesiada sociedad.
Era lunes, sin plata y con deudas. La noche anterior, él se había gastado la quincena en cerveza, juego y quién sabe qué más .
Era lunes de mañana, y sus mejillas violáceas ya no se podían disimular.
Los niños no estaban. Una vecina se los había llevado por temor la noche anterior. La única vecina que todavía no se cansaba de visitarla, ayudarla y aconsejarla para bien.
“Pero ella no aprende, ya estamos cansados”, decía la madre. “Parece que a ella le gusta, y si le gusta, que siga nomás”, decía un hermano. Todo parecía un eterno y asfixiante deja vu, en ese terreno en donde todo, todo, parecía-era previsible. Pero ella no quería renunciar a su sueño, ese que abrazó en el mismo momento en que se casó con él, ese que prometía una vida feliz junto al hombre que amaba y que luego sería el padre se sus hijos, su amigo, su amante, su compañero.
Ella sólo tenía un sueño, se lo decía a la vecina cada vez que charlaban, y entre mate y mate, sólo pensaba en un futuro feliz, con un marido recuperado, amoroso, como en las películas que siempre terminan bien.
El había regresado tarde esa noche. Llevándose todo por delante llegó hasta el cuarto donde esperaba ella, acostada, temerosa, comprendiendo el cuadro, anticipándose a lo que una vez más, ocurriría después. El comenzó a destrozar las cosas, la insultaba, la degradaba, la agredía, y ella sólo se hizo un bollito en la cama esperando a que él arremetiera con golpes, los que desde hacía un tiempo nunca faltaban, los que nunca fallaban… Esta vez, totalmente fuera de control, el amenazó con quemarla. Y en eso estaba, buscando la botella de alcohol fino cuando en un descuido ella se arrastró por el cuarto hasta el baño y cerró la puerta. Incapaz de pedir ayuda, ciega por la sangre en su rostro, quiso tomarse de la cortina de la ducha y el caño se le cayó encima. Como pudo se incorporó, lavó un poco su cara y trató de pensar qué hacer, entre el pánico y la locura de aquel hombre que golpeaba con furia la puerta. Abrió un cajón sacó unas tijeras, y sólo esperó lo peor.
En segundos él logró derribar la puerta, y por la torpeza de la ebriedad tropezó con la cortina cayendo sobre la mujer, su mujer. En medio de todo ese horror, ella no podía comprender que las tijeras habían atravesado el cuello del hombre por accidente, y que esa desgracia la había salvado. Peor aún, se sintió tan culpable de la muerte de su esposo que olvidó los golpes, los gritos, las vejaciones, los años de martirio y anulación de su propia persona. Una vez más, no supo pedir ayuda. Acariciando el rostro del hombre le pidió perdón y le dijo que la esperara.
Camino por el cuarto entre los destrozos y levantó la única foto de casamiento que se había salvado de la destrucción, y sin más, se repitió otra vez: “No renunciare a mi sueño”. Luego se acercó al cadáver y colocó la foto junto a él. Se recogió el cabello, se pintó los labios y lo besó, y creyendo en su sueño miró a los cielos, sonrió, y se lanzo por la ventana.
Existe una laguna entre ese día del “sí quiero” y esta parte de la historia, un espacio en blanco del que podríamos conjeturar muchas posibilidades de por qué las cosas llegaron a este punto, porque:
- Él antes tenía un buen empleo efectivo y ganaba bien.
- Después se independizó y puso una empresa pequeña con buenas perspectivas de desarrollo y crecimiento.
- Más tarde, a causa de los embates financieros que sufría el país, se vió obligado a cerrar víctima de la devaluación y los saqueos.
- Todo el capital producto de su trabajo quedó atrapado en el "corralito financiero".
- Con la ayuda de amigos y préstamos pudo reponerse dos años después.
- A los seis meses lo asaltaron a mano armada, le robaron gran cantidad de maquinarias que usaba en la producción y no pudiendo reponerlas tuvo que cerrar, esta vez, definitivamente.
- Enfrentó juicios indemnizatorios iniciados por sus cinco empleados, y tuvo que pagar.
- Poco a poco fue perdiendo sus vehículos y propiedades, quedando en cero nuevamente y con una hipoteca sobre su casa...
...Pero nada más sabemos.
El diario de hoy dice que "una mujer apuñaló a su esposo con una tijera cansada de los golpes y maltratos que éste le propinaba, y que luego, se quitó la vida".
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