Abanico de luces. Lebami Sigo por aqui... uno siempre está volviendo a los lugares queridos, y este sin dudas es uno de ellos. Desde enero de 2008, he dejado por estas páginas momentos desesperados y felices, las he usado de refugio un sinfín de veces y es como como el altillo que nunca tuve para mi y mis escritos.
Por eso puedo estar dias... meses... sin entrar, pero se que siempre he de volver.
Gracias por hacerme saber y sentir que estás ahí, acompañándome.
Día 2.
Mi capullo de alelí se despertó sin lentes de contacto, obvio, y con la acostumbrada, odiosa pregunta: "Qué hora es?" Por decoro no escribiré mi ácida respuesta de las 06:30 de la mañana en mi primer amanecer de VACACIONES, junto a ese ser tempraneramente aborrecible! Demás está decirlo pero igual lo haré: sí señores, encendió la luz, la dejó prendida, fue al baño, tiró la cadena, empezó a revolver el bolso buscando la espuma de afeitar, y yo, imaginate, hinchada como un escuerzo! Me quedé quieta para que no me empiece a hablar, porque esa es otra táctica de mi amorzuelo, empieza con un inocente: "parece que está lindo el día..." ¡¡¡Y no para!!! Cuál es el fin propuesto por este acogotable individuo? QUE ME LEVANTE PORQUE ÉL YA NO PUEDE DORMIR... Y JODE! Después de un rato, digamos las 07, se volvió a acostar, aburrido de estar solo, lo cual no sé si no es peor, porque no deja de moverse sincronizadamente con mis fallidos intentos de hundirme en los brazos del dulce Morfeo. Para no ser repetitiva y aburrirte en próximas entregas, te diré que este sainete se repitió inexorablemente en una franja variable entre las 06 y las 08 hs de cada uno de los siete, sí, SIETE DÍAS de estadía...
Ni bien mi agotado cerebro entró en coma, me despertaron unos golpes como portazos; de hecho eran puñetazos o patadas a una puerta y la voz del sacadísimo conserje que gritaba: "Bajá la música flaco y abrime la puerta o te la tiro abajo!" Decididamente alguien tomó la iniciativa que yo esgrimí desde un principio y mi maridito coartó. Se ve que el tipo de la cumbia estaría en un coma más profundo que el mío porque no abría. Después de un rato todo se calmó y quedó en silencio. Quizás le abrió la puerta nomás.
Ya sin esperanzas me levanté y encaré para la ducha, lo mejor de la mañana.
Salimos a desayunar a las 09 hs. El desayuno fue otro fiasco, no hubo dos días seguidos en que lográramos un café con leche decentemente caliente! Mientras cada uno leía un pedazo del diario, íbamos perfilando la jornada.
Cada uno tomó rumbos diferentes, porque también quería un rato de vacaciones de mi marido! Salí caminando para la panadería en donde trabaja mi amiga Raquel, pero no la encontré, había salido. Raquel es como esos cuzcos falderos que se te acercan moviendo la cola y aplastando las orejitas para que los acaricies y cuando te querés dar cuenta lo tenés en la falda y lamiéndote la cara... Es una comparación rara, ya sé, pero quiero decir que ella es así de cariñosa y demostrativa. Subí al departamento donde vive con su mamá, y allí estaba Martita, contenta de verme y espléndida con su pelo blanco, siempre impecable como de peluquería. Tampoco estaba ahí, así que le dejé mis saludos y promesa de volver.
Regresando al hotel me percaté de que en la heladería del frente trabajaba Norita, otra buena amiga y excelente persona, con ella hicimos juntas el secundario pero no nos dábamos mucho por entonces, y no fue sino después de varios años que iniciamos esta amistad. Norita es maestra, siempre servicial y sonriente, súper amable y dulce en toda su manera de ser. Hace poco más de un año se casó con Fabián, otro amigazo, con el que solíamos juntarnos a guitarrear y cantar desde que eran novios. Las dos nos sorprendimos al encontrarnos y enseguida nos pusimos a contarnos la vida. Quedamos en volver a encontrarnos para salir a cenar los cinco. Un alegrón!
Terminé en la casa de mamá. Le di un beso a mi cachorro y lo saqué de la cama con total envidia después de mi tragedia matinal! Mientras se tomaba un yogurt, charlamos un rato con mamá y Humberto hasta que Carlos nos vino a buscar para ir a la casa de Adriana, una de mis mejores amigas, la más antigua y permanente a través de los años. La conocí cuando yo tenía 14, ella es seis años mayor pero no nos impidió ser entrañables. Ella era la novia del mejor amigo de mi primer novio. Siempre salíamos a todos lados juntos, éramos dos parejas inseparables. El tiempo se llevó esos noviecitos de las dos y nos dejó una estrecha relación hasta el día de hoy.
Al final mi hijo decidió quedarse en la teta de la abuela, y claro que con ella lo pasa bárbaro, si son los dos un solo pegote! Mamá se vuelve loca por él, y es que Santi es un ser adorable y especial, y por supuesto que es mi hijo! Ya sé que soy odiosamente parcial, pero tengo que decirlo, porque además de hermoso, es un muy buen hijo!
Ya habíamos quedado en encontrarnos para almorzar con Adri, su esposo Marcos y los chicos ese día. Pizza casera, le sale genial! Comimos como verdaderos marranos desde la de muzarella, fugazetta, jamón con morrones y napolitana. No! No te puedo explicar lo que fue eso con Stella Artois! Mortal! Los menores tomaron gaseosa, aclaremos... Nos pasamos el día mas caluroso del verano bajo un alero, con el piso mojado, para refrescar un poco, y comiendo esas pizzas de locura! Qué más puedo contarte sin que la pizza me desconcentre, a ver... Adri y Marcos se conocieron en la época en que el era modelo (obvio, antes de las pizzas de Adriana!), era un potro total! Rubio, alto, ojos azules, estaba refuerte. Nadie daba dos peniques por la relación, sin embargo se casaron y tuvieron a Xoana, Tessira y César, tres primores. Y hace diecinueve años que están juntos, siempre juntos, con más kilos y años, y más amor! Hablamos de todo y todos, me puse al tanto de la movida del pueblo como quien dice.
En un momento salimos en el auto con Adri, a llevarle pizza a Xoa, que estaba trabajando como recepcionista en un hotel en el que mi mamá fue encargada ocho años, y en donde vivimos todos esos años de mi adolescencia. Fue una alegría reencontrarme con los dueños, a quienes no veía hace añares, y conversar un rato.
Volvimos y seguimos de sobremesa sin un resquicio para el postre. Estuvimos un rato viendo los pichones, porque Marcos es rebichero, y además de atender su negocio de carpintería se dedica a criar pájaros de distintas razas para la venta. También tienen un corderito, mejor dicho una ovejita que es negra y toma mamadera. No puedo explicar la satisfacción que me dieron mis amigos, son lo más!
Nos dimos unos abrazos enormes y besos, mientras sacábamos algunas fotos que todavía no me canso de ver. Nos despedimos, prometiendo la vuelta.
Llegamos al hotel para la siesta imperdible y necesaria... (sigo mañana)
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