Abanico de luces. Lebami Sigo por aqui... uno siempre está volviendo a los lugares queridos, y este sin dudas es uno de ellos. Desde enero de 2008, he dejado por estas páginas momentos desesperados y felices, las he usado de refugio un sinfín de veces y es como como el altillo que nunca tuve para mi y mis escritos.
Por eso puedo estar dias... meses... sin entrar, pero se que siempre he de volver.
Gracias por hacerme saber y sentir que estás ahí, acompañándome.
Efectivamente, Carlos fue a buscarme, y el paseo bajo la lluvia con la música suave de Aspen, imprimían un clima agradable para el regreso. Me contó lo que Santiago y él habían hecho y yo por mi parte le relaté de mi encuentro con las chicas, pasando por alto la parte indebida, já! Seguimos hasta Mar de las Pampas, y nos quedamos en un paseo, en la confitería de Valle, donde nos tomamos unos cafés, yo siempre lágrima, acompañados por unos bombones de chocolate a la naranja. Charlamos y exaltamos la virtud de estos momentos que podíamos disfrutar a solas, relajados y contentos de tenernos uno al otro. Los “te quiero” abundaron, las miradas con especial destello y los arrumacos. La lluvia no daba tregua. Y la invitación llegó.
Día 5.
Nos levantamos pensando que el día estaba feo, y nos equivocamos. Si bien no hacía un gran calor estaba cálido y aunque con algunas nubes merodeando, el sol brillaba. La calle de arena apisonada estaba todavía húmeda y las plantas reverdecidas y mojadas. Era un día inspirador. Desayunamos, diario de por medio, acordando la marcha de nuestro día por venir.
Carlos quería ir un rato al gimnasio así que yo decidí llamar a Sil, la gata, que a la mañana no trabaja, para irnos a la playa. Así lo hice y mi amiga respondió afirmativamente. “No te olvides del mate” le dije...
Otra cosa que tenemos en común con Sil, es que amamos las letras. Siempre andábamos firuleteando hasta en papeles de cigarrillo! Y hablando de cigarrillo, lo dejé hace un poco más de cinco años, pero cuando estuve con ella no pude evitar sacarle una pitada, bueno varias, porque podría decirse que soy una fumadora social. Hay momentos, situaciones en que el cigarrillo se puede pasar por alto, pero hay otras en que no. Una de esas es cuando estoy acompañada por amigas hablando de temas puntuales que me resultan conexos con ese vicio... Algo muy loco que sólo el que lo hace entiende. Después pueden caerse aviones en mi plato que no me pasa nada y no tengo que recurrir al maldito cigarro. No lo hago por nervios, ni por angustia, ni por adicción... es un hecho eventual. Aunque no se por qué tendría que justificarme!
Aprovechando que íbamos a playa, le dije a Santiago que viniera para ir los tres, así también disfrutaba.
Y por allá llegaron al hotel: Santi en un remis y la gata en su camioneta Peugeot. La estacionó a la sombra generosa de unos álamos y no fuimos caminando esos trescientos metros. La playa era una marea de gente, aunque estaba ventosa, pero se podía estar al reparo. Nos acovachamos a la par de unas carpas donde pegaba el sol y reparaba del viento. Además del equipo del mate, ella había llevado unas masitas secas de chocolate, y yo, para no ser menos, llevé sándwiches de miga negra y una gaseosa, así que estábamos bien provistas de nutrientes. Ninguna tenía apuro así que nos relajamos, nos pusimos crema y nos dispusimos a pasar un día de playa total! Hablamos de todo, por supuesto, lo pasado, lo presente y no mucho del futuro, porque estábamos tan bien que por ese momento no preocupaba. Santi divino, iba y venía al agua, pero ese día ninguna de las dos se metió. Pasado no más de una hora se levantó un viento tan helado que no se podía estar, así que nos fuimos con toda la música a otra parte. Volvimos al hotel, a cambiarme y a buscar la camioneta. Salimos los tres a dar una vuelta. Ester, la mamá de Silvana, estaba trabajando en un parador municipal en donde habían hecho unas mini canchas de fútbol, voley, básquet, y fútbol-tenis para los chicos. Decidimos ir a saludarla, encontrándonos con una actividad interesante, a la que mi hijo se adhirió instantáneamente. Se quedó con un sobrino de Silvana que había ido con su abuela. Ester prometió cuidar de los dos hasta las 19hs. y viendo que estaban todos contentos, nosotras nos relajamos y fuimos a pasear un rato.
Esa noche escribí algo con respecto a esa tarde, algo que resume mis vivencias con mi amiga en esas vacaciones y a la vez de toda nuestra vida juntas. Lo transcribo aquí.
"Qué bueno Sil, fue encontrarnos después de todos estos locos años en que la vida nos llevó y nos trajo por caminos tan diversos, como a semillas esparcidas por el viento...
Qué bueno fue abrazarnos con abrazos buenos y largos, acolchados y cálidos como el corazón de los buenos amigos que se quedan como uno: esperando!
Qué bueno conversar mientras mateábamos, con sonrisa en la mirada y alegría en los años, y poder robarme en un descuido una pitada de ese rubio que humeaba en una de tus manos, aunque a veces me jacte de haberlo abandonado hace años...
Qué bueno ver que tus proyectos se están cristalizando en hermosas realidades, que cuestan como una batalla pero ponen luz y dignidad en la mirada.
Qué bueno compartir con alegría las novedades de la otra, celebrando los logros alcanzados y animándonos a continuar más allá de las caídas.
Qué bueno el Pronto bitter bien helado paseando en camioneta!, los churros y el recuerdo...
Qué buenos los dolores que nos marcaron en el cuerpo y el alma, porque nos tornaron mujeres íntegras, con mucho mapa recorrido y otro tanto que decir, sin necesidad de juzgar ni dar consejos.
Qué bueno es encontrarnos siendo madres, unidas en los mismos ensayos cotidianos de temores y amores por esos hijos, que por gracia de Dios nos regaló la vida.
Qué bueno es revivir con una sonrisa esos amores de sinsabores y a veces mieles de novela que dejaron marcada su estocada en nuestra piel y para siempre, plagados de desencuentros, encuentros a destiempo y adioses que no prometen, pero pueden, ser reencuentro en cualquier momento, cualquier pinar o cualquier médano bañado de sol...
Qué bueno es saber que una ha aprendido que por todo lo que le robamos a la vida siempre hay que dejar algo de lado aunque cueste mucho, y que aunque la resignación no nos conforma, podemos vivir con eso. Porque el pasado es como el humo del tabaco que uno aleja con la mano, pero vuelve...
Qué bueno es saber que no se está sola si nos recuerdan a lo lejos, si una canción, una poesía o una palabra nos trasportan a los afectos.
Qué bueno haber crecido imaginando y disfrutando, llorando y riendo; con los amigos que caían en catarata: los que pasaron y se llevó el tiempo, y con aquellos que han quedado y tras los años seguimos compartiendo.
Qué bueno es acercarse a esa historia en común sin negarse al paso de los años y continuar dibujando día a día este presente, sin que en futuro nos preocupe demasiado... Qué bueno que ese brillo en tu mirada de gata me invitara a quedarme, a compartir ese pedazo de la vida sin remilgos ni obsecuente caretaje, porque somos como somos y así, tal cual, nos queremos, cada una con su raye, traspasando la barrera del tiempo y el espacio...
Qué hermoso sentimiento y relación es la amistad, tan noble y necesaria como el pan!"
(sigo mañana)
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