Abanico de luces. Lebami Sigo por aqui... uno siempre está volviendo a los lugares queridos, y este sin dudas es uno de ellos. Desde enero de 2008, he dejado por estas páginas momentos desesperados y felices, las he usado de refugio un sinfín de veces y es como como el altillo que nunca tuve para mi y mis escritos.
Por eso puedo estar dias... meses... sin entrar, pero se que siempre he de volver.
Gracias por hacerme saber y sentir que estás ahí, acompañándome.
Hoy entré al blog y me quedé con la boca abierta. Es que Sil, la gata, mi amiga, había entrado y me dejó un mensaje! Le pasé la dire ese día que estuvimos juntas, porque como te conté antes, ella también escribe y cosas hermosas en su estilo.
HOLA GATA GA! GRACIAS POR ESE PEDACITO DE AMOR QUE ME MANDASTE! Como verás es una página con contenidos interesantes y estimulantes. Espero ver pronto tus poesías, relatos y lo que quieras subir por acá.
YO TAMBIÉN TE QUIEROOOOO!!!!!
Ahora sí, ya puedo continuar relatando lo poco que queda de mis vacaciones...
Dia 6
Luego del desayuno (copia de todos los anteriores!), fuimos a la playa a la que le habían devuelto sus colores de sol y verde marino. La multitud estaba nuevamente disfrutando, y nosotros sin dar vueltas, nos internamos en esas aguas templadas, con un oleaje suave, que invitaba al relax. Después nos tiramos un rato al sol, porque quería llevarme un color más parejo. Olvidé contarte que ese rato que estuvimos con Sil, yo no lo había percibido, pero con el transcurso de las horas nos dimos cuenta de que me había cocinado la resolana. Me puse roja. Menos mal que nos fuimos enseguida! Después mi amiga me dio un poco de Sapolán.
Estuvimos bastante esta vez. En un momento Carlos se fue a caminar un rato, y de paso a visitar a su amigo guardavidas que esta en 107. Y yo tendida al sol. Mirando a los otros jugando al tejo, la paleta, la pelota; los vendedores de todo, en sí, la gente y la circunstancia de una mañana playera con fondo musical de reaggeton a lo lejos.
Cuando el gordo volvió nos metimos varias veces más, realmente estaba buenísima.
Volvimos al hotel cansados, al menos yo. Compramos algo para hacer unos sándwiches, gaseosa y comimos en el jardín del hotel. Después, obvio, la siesta!
Santi se pasó el día con el hijo menor de mi hermano. Comieron con mamá, fueron a los dichosos jueguitos, a la playa y al centro. Se divirtieron en base a sus intereses!
Tras la siesta, fui a ver a Raquel, que vive a la vuelta del hotel. Me regaló una bolsa con medialunas y scones. El día anterior de churros y tenedor libre... cómo no voy a estar gorda!!!
Y salimos para la playa nuevamente. Esta vez, menos tiempo, porque tenía que volver a abrir la pana. Qué casualidad! También trabaja en una panadería, y yo en mi temprana juventud, igual.
Sólo con una toallita en la mano, y del brazete! Caminamos hasta la arena. Pasamos un lindo rato dándole a la lengua sin tregua como es costumbre. Ya se empezaba a levantar viento coincidiendo con la hora de volver y salimos. Nos despedimos en la esquina de su casa y mi hotel.
Nuevamente me ofreció su casa para una futura ocasión, que seguramente, tomaré de buena gana, para volver a encontrarme con mis afectos.
El auto estaba en la puerta pero Carlos había salido a estirar las piernas por el centro.
Cuando llegó ya me había bañado y me estaba preparando.
Habíamos sido invitados para cenar en la casa del pastor, aunque en realidad fue Norma su esposa, quién lo hizo, ya que él estaba en Tandil por compromisos. Personalmente tengo una relación de mucho cariño, respeto y agradecimiento por ellos, ya que han sido puntales para mi en momentos difíciles de mi vida y no sólo con palabras sino con hechos, hasta metiendo la mano en el bolsillo cuando fue necesario, algo que debo decir, porque no es usual ni común en estos días. No sólo son mis consejeros y pastores, son mis amigos, y siempre se los hago saber porque en verdad fueron instrumentos de Dios para ayudarme a cambiar mi vida y darme esperanzas cuando no las tenía a la vista. Los amo.
De pasada compramos vino, gaseosa y helado para llevar. Norma cocinó, unos no se cómo se llaman, unos paquetitos de masa rellenos de ricota, jamón y nueces con estofado, realmente de locura! No son capelletti, ni tortelletti, ni sorrentinos... Eran geselinos, Já!
Éramos cinco: Tere, mamá de Javier; Norma , Santi, Carlos y yo. Hablamos de todo y por supuesto, pedí receta! Son buena y encantadora gente de verdad, con muy buen humor. Un día voy a narrar una historia, una de tantas, que los pintan como son, porque a mi se me hace que con decir que son buenos no digo nada, porque son mucho más que eso...
Tere es una divina, también tiene mucha chispa. Es una abuela muy coqueta, de hecho le estuve halagando el calzado que traía. Tere quedó viuda hace unos pocos años. Da gusto oírla hablar de “su gordo”, como ella dice, es todo amor su recuerdo para Ruben.
Norma es una excelente ama de casa, mamá, esposa, amiga, consejera... Si tuviera que decir un solo adjetivo de ella sería éste: “dulce”. Desde su forma de hablar, su feminidad y delicadeza, los toques que le da a su casa, a las reuniones... Para mi, un ejemplo de mujer, y para Dios, seguramente, una perla escogida.
Después de toda esa exquisitez, vino el helado, y tras él, el café.
No nos podemos quejar, nos atendieron como reyes en todos lados donde estuvimos!
Ahora sabés por qué queremos volver!
Nos despedimos brevemente, ya que al día siguiente, nos reuniríamos en iglesia en el horario matutino, antes de irnos, porque ése sería hasta allí, nuestro último día en Gesell.
(sigo mañana)
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